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Mostrando entradas de marzo, 2013

Una tal Piedad Bonnett

Una tal Piedad Bonnett Últimamente he tenido serias discusiones con dos amigas acerca de si las coincidencias existen o no. Ellas sostienen que no, que todo pasa por algo y para algo, que hay una razón para que se den justo en este momento y no en otro. Yo en cambio veo las cosas de otra forma: creo que hay cosas que decidimos, hasta por vías que nos es difícil distinguir, y otras que se presentan de forma completamente azarosa. En otras palabras, que hay sucesos que se dan sin ningún fin, sin buscar a priori ningún efecto, simplemente suceden, y normalmente lo hacen con la fuerza de un ¡boom! Quienes tenemos afinidad por la literatura, quienes hemos sabido conservar con egoísmo el deseo de ser escritores a pesar de las malas rachas que nos auguran, somos recicladores de nombres, de títulos, de frases. Los arrancamos de los discursos de nuestros profesores, de nuestros familiares, de lo libros mismos. No sé decir con exactitud cuándo fue la primera vez que leí o escuché e

A propósito de las narconovelas

Con todo este revuelo que ha causado la novela "Tres Caínes" del canal RCN me lancé a hacer un comentario en el que sostenía que este tipo de novelas dotaban de léxico, ideas e ideales de narcotraficantes a los niños que las veían. Esto provocó, poco después, una respuesta de un desconocido. La adjunto con el ánimo de continuar la discusión con argumentos, que tanto nos hace falta. J.O.R: " ¡Muere maldito! gritábamos de niños mientras disparábamos con nuestras armas de juguete. Jugábamos "policías y ladrones". Veíamos películas de pistoleros que mataban por plata, de superhéroes con encantadores antagonistas, de detectives con licencia pa ra matar, veíamos desde "Cóndores no entierran todos los días" hasta "Rodrigo D". Aprendimos y se nos pegó su lenguaje lunfardesco. Oíamos las historias de tenebrosos bandidos de la violencia y nos exhibieron guerrilleros del M-19 como ciudadanos valiosos. La música vomitaba venganzas co

Días de medias mojadas

Días de medias mojadas Días de medias mojadas, de bluyines empapados en las botas, de saltos-esquiva-charcos, de carpetas-sombrillas, de transeúntes salpicados. Días de caras felices en las ventanas de los carros, de brazos que se estiran por fuera del techo, de parabrisas trabajando horas extra. De hambre a las cinco y pijama a las seis. Días de oscuridad gris, de náusea urbana, de ríos perdidos. Días de cabezas agachadas, de postes prendidos, de stops y estacionarias. Días de bajo cero en las tibias. Y en los fémures también. Días de preguntarse por el tiempo, por el tiempo que le llevó a esa gota viajar por los cielos para terminar, ahí, estampada en el suelo, para dejar de ser gota y convertirse ahora en charco,  en río, en mar.

La mujer reinventada

La mujer reinventada I “La mujer como mal necesario encasillado en las actividades sin brillo, ser inferior sistemáticamente desvalorizado o despreciado por los hombres: tal es el modelo de la   <<primera mujer>>” Gilles Lipovetsky ‘La tercera mujer’ Pág. 216 Soledad nació en Fredonia, en una noche particularmente fría, por allá en el año 1930. Su padre era un militar de alto rango en el pueblo y desde siempre le inculcó a su hija unos fuertes y tajantes valores católicos: amar a Dios sobre todas las cosas, respetar a la Santa Madre Iglesia y aplicar siempre las enseñanzas de Jesucristo. Como su padre debía viajar a pueblos aledaños y a la capital del departamento, fue su madre, una dedicada ama de casa, quien se encargó de criarla e inculcarle otra infinidad más de costumbres, de las reglas básicas para la convivencia y de la manera como hay que comportarse en este mundo. Cargando todo este peso en su espalda, no era extraño que el momento en el que